Tuesday, November 15, 2005

Del aislamiento al germen de una nueva raza.

Hemos visto que los líderes, para orientar e identificar al grupo crean modas. Lo mas obvio son las que se manifiestan simbólicamente, pero las que mayor repercusión tienen son las culturales, que se suelen integrar creando una Doctrina.

Las Doctrinas tienen un poder asombroso para dirigir las capacidades y voluntades humanas.

Hace ya veinte años Betty Edwards, partiendo de las primeras conclusiones de Robert W. Sperry sobre el funcionamiento del cerebro humano, edificó una teoría según la cual todos sabemos dibujar, solo es necesario que nuestros hemisferios cerebrales asuman unas determinadas reglas de juego. Los cursos de la señora Edwards dedicaban más tiempo a explicar esta teoría que las propias técnicas de dibujo y lo curioso es que bastaban 5 días para que cualquier individuo fuese capaz de plasmar sus sentimientos con un lápiz y un papel.

Es cierto que estas teorías se han ido perfilando mejor en el tiempo y que efectivamente tienen una base científica, pero no lo es menos que sin el liderazgo de Betty y sin que si teoría hubiese convencido a sus alumnos (aunque hubiese sido falsa), nadie habría sido capaz de aprender a dibujar en un tiempo tan escaso.

En gran manera nuestros sentimientos y nuestras acciones están condicionadas por las doctrinas religiosas, políticas o filosóficas en las que hemos sido hemos sido educados y que son los cimientos de nuestras creencias y valores mas profundos.

Cualquier líder sabe que su éxito como tal esta condicionado por su capacidad por articular una Doctrina creíble y asumible por sus seguidores.

El problema es que la Doctrina es tanto más fácil de implantar en tanto en cuanto se haga eco de las inquietudes mas profundas de los individuos. La muerte, la identificación con sus iguales, la sintonía entre los pensamientos y sentimientos son claros ejemplos de fundamentos doctrinales positivos. Pero hay otros, mas fáciles de utilizar porque se basan en sentimientos más fuertes, el miedo a la muerte, la identificación y culpabilizacion de los enemigos comunes, la potenciacion de sentimientos de miedo/odio hasta que bloqueen nuestra capacidad de raciocinio…

El doctor Vamik Volkan, estudiando el fenómeno del prejuicio llega a la desalentadora conclusión de que cuando este tiene lugar como consecuencia de doctrinas aprendidas en la infancia, el individuo no podrá desprenderse nunca de estas creencias, como mucho y por presión social podrá inhibir su manifestación, pero nunca corregir sus sentimientos.

No es de extrañar que los líderes Doctrinales traten de controlar la educación porque son conscientes de su potencialidad.

Supongamos que una Doctrina mantiene que un determinado grupo de población es una raza específica, magnificando determinadas cualidades y que la conservación de esta característica es el objetivo ultimo de esta raza.

Si esto se enseña en las escuelas se crearán generaciones de jóvenes que no serán capaces de racionalizar los sentimientos que esta doctrina les ha inculcado. Tenderán a rechazar lo que no se ajuste a la doctrina y agruparse a los que compartan estas creencias o manifestaciones, para buscar su pareja seleccionará personas que respondan a la raza. De alguna manera, por el mecanismo expresado en la “Reivindicación de la ortogénesis”, se comenzarían a autoseleccionar, tendiendo a potenciar las características doctrinales.

Es como una manipulación genética, pero el lugar de hacerla abiertamente se trata de “programar culturalmente” a los niños para que sean ellos mismos los que la lleven a cabo.