Thursday, October 13, 2005

La cultura como seña de identidad.

En los animales sociales y territoriales es común mantener unas relaciones tensas y violentas con las comunidades vecinas, especialmente si hay problemas de escasez de recursos o sobrepoblación. En estos casos se originan movimientos de poblaciones que se enfrentan a las comunidades adyacentes, que defienden su territorio tratando de evitar su implantación y que suelen acabar con la aniquilación de una de las dos.

La teoría de la selección natural explica que las poblaciones mas adaptadas al medio (en este caso con la característica de agresividad y pertenencia a la comunidad) son las que sobreviven. Realmente se trata de una competencia entre la misma especie, ya que los individuos solo son conscientes de que pertenecen a la misma comunidad, a la que defenderán hasta la muerte.

No creo que nadie tenga ningún problema para identificar estas conductas en el hombre. Pero lo curioso y particular de nuestro caso es que identificamos como miembro de nuestra comunidad a los elementos con los que compartimos una cultura y unos símbolos, en contraste con lo que sucede en el resto de especies donde hay que compartir forzosamente antecesores comunes o haber vivido mucho tiempo en la comunidad.

Un estado incipiente de este rasgo lo podemos encontrar en algunos animales capaces de aceptar en su comunidad a elementos extraños y lo que es mas importante y difícil, la capacidad de los individuos en integrarse en una comunidad ya establecida. Un ejemplo claro y radical lo representan los animales capaces de ser domesticados, en el sentido de que lo que significa integrarse en una comunidad radicalmente diferente a la que su propia naturaleza le podría dictar.

Nosotros defendemos no ya nuestra tierra, familia, patria sino que lo ampliamos a nuestra forma de vida, nuestros valores, nuestras creencias, nuestras banderas, etc. Pero no solo lo defendemos, nuestro espíritu colonizador nos impulsa a tratar de difundirlo e imponérselo a las otras comunidades con las que no nos sentimos identificados ni culturalmente ni por símbolos. Son nuestros competidores y potenciales enemigos.

Por ello los términos de choques, luchas, guerras de culturas, civilizaciones, etc. nos resultan muy familiares.

Por otra parte somos individuos muy sociales, capaces de adoptar nuevas culturas rápidamente y sin apenas traumas. Somos fácilmente domesticables.

El resultado de todo esto es un sistema de expansión muy eficaz y eficiente. Para satisfacer nuestras ansias de colonización no tenemos que desplazar a la comunidad anteriormente establecida e implantar miembros de la nuestra sino que es suficiente con que los miembros de la anterior comunidad adopten nuestra cultura y símbolos. Naturalmente ayuda el que esta cultura sea razonable y creíble, pero tampoco es una condición necesaria.

Aplicando los axiomas de la selección natural, diríamos que las culturas mas adaptadas al medio son las que sobreviven y las menos adaptadas desaparecen.

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