Thursday, October 13, 2005

El espejismo de la inteligencia.

Nuestra propia inteligencia nos sigue asombrando, constantemente caemos en la perplejidad al recibir noticias de lo que hemos sido capaces de desarrollar. Por ello cuando pensamos en algún rasgo humano específico en lo primero que pensamos es en la inteligencia.

Es cierto que nuestro cerebro es un órgano superdesarrollado como puedan ser las mandíbulas del tigre, la nariz del elefante, la cornamenta del ciervo, el olfato de alguna mariposa, la vista del águila, etc. Sucede en la naturaleza que cuando a una especie se le dota de una herramienta potencialmente peligrosa, se desarrolla con ella los mecanismos inhibidores para evitar su uso incorrecto. Los animales dotados de cuernos siguen en sus ritos de apareamiento pautas muy definidas para evitar grandes daños al competidor, los lobos pueden adoptar posturas de sumisión para inhibir la violencia de sus superiores jerárquicos…

La inteligencia es una herramienta peligrosa, en tanto en cuanto fomentaría una conducta egoísta e irresponsable, permitiéndole disponer al individuo de una potencia física muy por encima de sus capacidades naturales.

El mecanismo de inhibición de la inteligencia es nuestra sociabilidad, lo que muchas veces identificamos como conciencia, mandamientos divinos, ética social, etc. Gracias a estos mecanismos somos capaces de plantar un árbol que sabemos que no llegaremos a disfrutar, o en el caso extremo a dar nuestra propia vida por un ideal. Pero también a realizar las mayores atrocidades sin ninguna capacidad de reflexión sobre nuestras acciones.

El control de la inteligencia a través de un sistema inhibidor da lugar a muchos problemas de desviación de conductas, esquizofrenia, paranoia, conductas compulsivas, depresivas, eufóricas, etc. Pero el mayor problema es que el hombre es un animal fácilmente “domesticable” (ver “La cultura como seña de identidad”) así que resulta sencillo modificar sus valores, creencias, etc. de tal manera que podamos utilizar su inteligencia sin ningún tipo de filtro o con el filtro que el “domador” haya definido.

Es como si todos nosotros tuviésemos un candado que diese acceso a nuestros mecanismos de pensar, sentir, etc. Y determinadas personas llamadas “lideres” tuviesen las llaves de estos candados y manipulasen en nuestras entrañas las palancas de nuestros mecanismos de conducta.

Así, que si hablamos de una característica especial del ser humano, seria mucho más correcto hablar de sociabilidad, identificación con la cultura y adaptabilidad a nuevas culturas. Estos rasgos están muy por encima de la inteligencia, de hecho la adopción de los logros de la inteligencia de nuestros congéneres de forma acumulativa es lo que nos ha permitido alcanzar el desarrollo tecnológico que tenemos y esto solo ha sido posible por nuestra adaptabilidad. Aunque también podríamos nombrar innumerables casos en los que los lideres han logrado bloquear nuestra tendencia natural actuar como esponjas culturales, normalmente durante un corto periodo de tiempo.

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