Wednesday, October 19, 2005

De la moda al aislamiento

Hasta hace unos pocas decenas de miles de años, el único mecanismo de integración social del ser humano tenía su origen en vínculos familiares. O sea, básicamente genético.

El auge del simbolismo, hizo posible vincular la pertenencia al grupo con determinados símbolos. Lo cual permitió que los grupos sociales pudiesen crecer enormemente, de tal manera actualmente hay grupos sociales de decenas y centenares de millones de individuos.

Esto obviamente crea muchos y nuevos problemas. Uno de ellos es que el individuo pierde el sentimiento de integración con seres a los que considera iguales. Así que dentro es esta misma sociedad, trata de integrarse en unidades sociales más restringidas y acordes con lo que la naturaleza humana ha desarrollado durante su evolución; grupos de individuos formados por decenas o cientos de individuos.

La propia sociabilidad del ser humano, le posibilita el integrarse en diferentes grupos sociales simultáneamente, que le permitan seguir siendo “alguien” en un grupo homogéneo. Así, estaremos integrados en la familia, en el trabajo, como fans de un club de fútbol, con los amigotes de desmadre, con los amigos de la familia, etc. Cada uno de estos grupos sigue una moda cultural diferente, es decir sus creencias, valores, gustos estéticos, normas de conducta, etc., son diferentes y a veces totalmente contrapuestas. A pesar de ello, el individuo no tendrá ninguna dificultad en cambiar sus sentimientos y pensamientos en unos segundos para adoptar los del grupo con el que se encuentre en ese momento. Somos mucho más sociales que inteligentes.

Cuando las modas que se siguen en los diferentes grupos de pertenencia son muy diferentes, se presentan incompatibilidades entre ellas y se presentan problemas para el individuo cuando elementos de diferentes grupos coinciden fuera de su entorno. Normalmente el propio individuo trata de mantener estos entornos sociales drásticamente separados.

Realmente nos movemos entre el impulso de pertenecer a un grupo de iguales y la tendencia a que se nos reconozcan nuestra individualidad. Es decir nos sentimos más a gusto cuando nuestro grupo está más diferenciado y es más pequeño. La diferenciación la obtenemos cuando nuestro grupo sigue modas marcadamente distintas de los otros grupos. Por ejemplo una empresa que resalte en algo, una familia especialmente unida o con éxito económico, un grupo religioso con fuertes creencias y manifestaciones culturales, fuertes pasiones compartidas, una filosofía de la vida diferente, la creencia en compartir un pasado o un futuro, etc.

Los individuos con características de líderes sienten la irresistible necesidad de definir claramente las características de identidad de grupo y de identificar a sus miembros. Si tienen éxito y hay un grupo de individuos, desamparados en alguna necesidad social, que le toman como modelo, estas características del grupo pasaran a ser una moda, sobre la cual se articulara un nuevo grupo social de iguales.

De los modelos a la moda

Hay tres componentes que definen el comportamiento del cóctel humano.

- Es un animal social, con una imperiosa necesidad de sentirse integrado en un grupo de iguales, el cual le protegerá y al cual defenderá. Este es un rasgo muy común en la naturaleza.

- Se identificará con su grupo social por compartir con ellos ciertos rasgos culturales, tales como creencias, valores, conocimientos, etc., pero también por la utilización de determinados símbolos de identidad, como pueden ser banderas, lenguaje, historia, sentido estético, vehiculo, vivienda, comportamientos etc. Ya habíamos visto anteriormente, que este fenómeno también se presenta en la naturaleza.

- El tercer componente es la capacidad del ser humano para adoptar culturas extrañas, de tal manera que pueda ser aceptado por un grupo. También hemos visto que en la naturaleza se dan casos de animales capaces de ser educados o domesticados y que llegan a integrarse incluso en una sociedad tan extraña para ellos como pueda ser la humana.

La conjunción de todos estos factores provoca que, especialmente en el momento en el cual el individuo se hace adulto y necesite incorporarse a un grupo de iguales abandonando un grupo jerarquizado tal y como es la familia, busque desesperadamente MODELOS a los que imitar. De estos adquirirá su cultura, comprendiendo esto sus creencias, valores, aspecto, costumbres etc., que le permitirán identificarse con su grupo de iguales y satisfacer con ello sus necesidades sociales.

Aun en la vida de adulto, tan pronto como tenga la sensación de no ser admitido en el grupo de iguales o de que este no le ofrezca la sensación de protección (frecuentemente por ser demasiado numeroso), el individuo buscará otro modelo en el cual fijarse y modificará su cultura para adaptarse e integrarse en el nuevo grupo.

Estos modelos son los LIDERES, individuos capaces de integrar en un solo paquete un conjunto mas o menos coherente de rasgos culturales, tales como posición frente a la vida, creencias, valores, vestimenta, gustos estéticos, etc. que al ser asumidos por los individuos, crean el fenómeno llamado MODA que, aunque normalmente se refiere a rasgos estéticos utilizados por los grupos para su auto identificación, esconden detrás razones mucho más profundas.

Pero en realidad los lideres no suelen crear nada, únicamente aglutinan rasgos culturales diferenciales que normalmente son creados por individuos atípicos, con rasgos marcadamente individualistas, cuando no antisociales, capaces de sobreponer su inteligencia a su propio sentimiento de integración social, lo que les permiten ver las cosas desde otra perspectiva totalmente nueva o sencillamente buscar mecanismos que le permitan diferenciarse como individuo único.

La moda no es algo trivial, mas bien podría ser el único rasgo exclusivo de nuestra especie, que nos ha llevado a donde estamos y que nos ¿guiará? en el futuro.

Tuesday, October 18, 2005

La reivindicación de la ortogénesis

La ortogénesis es una teoría, considerada actualmente obsoleta, que postulaba que las especies evolucionan según unas tendencias definidas que obedecían a impulsos internos.

La rotundidad de las observaciones de Darwin eclipsó esta teoría, a pesar que popularmente sigue teniendo cierta aceptación como un hecho indiscutible.

Pero la verdad es que en la codificación genética y en el comportamiento aprendido (cultura) existe mucha información sobre como son y deben de ser nuestros congéneres, nuestra relación con ellos y la relación de nuestra especie con respecto al medio.

Todo esto nos posibilita, facilita, dificulta u orienta en la interacción con nuestros semejantes, en especial para hacer algo tan importante como la reproducción.

Aun siendo animales muy diferentes, las aves nos resultan especialmente familiares puesto que compartimos con ellas la percepción del medio a través de los sentidos de la vista y el oído.

Difícilmente se pueden explicar los patrones de colores y cantos de las aves si solo consideramos un sistema de selección basado en la eliminación de los ejemplares menos adaptados al medio. Mas bien responde a una auto selección que actúa eliminado, por falta de aceptación, a los ejemplares que no responden a una imagen previa.

Un ejemplo bastante ilustrativo es el de los colores metálicos que poseen algunas aves. Es cierto que el lustre del plumaje es un indicativo del estado de salud de un ave, así que parece lógico que aquellos individuos que eligiesen como parejas a aves con poco lustre tuviesen menos éxito reproductivo, hasta el punto de prácticamente eliminar a los que no tuviesen la imagen de que sus congéneres deben ser lustrosos. A partir de este momento que bien respondería a un sistema de selección darviniano, la especie evoluciona siguiendo un impulso interno y desarrollando esta característica hasta extremos exagerados y sin ninguna significación practica. De hecho, algunas veces, llevando a la especie a la extinción.

En los animales sociables y especialmente los jerarquizados con un periodo de aprendizaje largo (grupo en el que estamos incluidos), los lideres son aceptados como tales en tanto en cuanto respondan al patrón dictado por la imagen que se tiene de la propia especie y además actúan de modelo para los nuevos miembros, que tenderán a imitar sus comportamientos.

Y es que no solo hablados de imagen física, sino también y esto es mas importante de las pautas de conducta de la especie.

Un aciago 6 de enero de 2000 se extinguió el bucardo, la cabra montes de los pirineos, su ultimo refugio fue el parque natural de Ordesa y Monteperdido. Durante años se habían realizado enormes esfuerzos por garantizar su continuidad que resultaron inútiles. Su comportamiento exageradamente asustadizo con respecto al hombre la hizo incapaz de adaptarse a las nuevas condiciones del medio ni dar ninguna posibilidad a una posible protección. La última hembra preñada murió de stress dos días después de que se capturarse para protegerla.

Podemos elucubrar sobre como se generó esta especie a partir de un tronco común de cabra montes. Podemos suponer que un macho dominante presentaba una desviación de comportamiento que le hacia extremadamente huidizo, podemos suponer que la mayoría de los miembros de su grupo le seguían en sus huidas, podemos suponer que los que no lo hacían quedaban desamparados y morían, podemos suponer que él y sus descendientes tuvieron un notable éxito reproductivo, podemos suponer que este grupo se adentro en un medio hostil que le llevo por eliminación a unas adaptaciones físicas especificas para resistir inviernos infernales. Sabemos que sus congéneres que no habían desarrollado este rasgo asustadizo se extinguieron, esta población quedo aislada y desplazada en un entorno muy agresivo, pero había logrado sobrevivir. Podemos suponer que a pesar de haber perdido su significancia, la especie siguió desarrollando el rasgo del miedo al que debían su supervivencia y que posteriormente seria la causa de su desaparición.

En muchas zonas de Europa encontramos dos especies de agateadores, la común y el norteño. La única manera de distinguirlos claramente es por el canto. Sus hábitos alimenticios y de conducta son idénticos, pero el norteño vive a alturas superiores de 900 metros y el común por debajo de 1500 metros. Comparten pues una parte de su territorio donde se pueden encontrar ambos ejemplares y la única razón de que no se crucen es que su canto impide los necesarios cortejos prenupciales. Esta mínima diferencia estética que no tiene nada que ver con la adaptación al medio, mantiene a ambas especies aisladas, aun a pesar de convivir íntimamente. Es muy importante remarcar este hecho, puesto que el aislamiento de las poblaciones es un elemento muy importante en la evolución y la constatación de que esto se pueda generar por un impulso interno independiente del medio abre muchas posibilidades para explicar fenómenos de evolución que hasta ahora resultaban extraños.

Pero con los agateadores se plantea también otra interrogante. ¿Por qué razón se limitan su hábitat? Se puede inducir que al común le agrada más la temperatura suave, pero lo podemos encontrar como sedentario en el norte de Alemania, el agateador norteño tendría preferencia por los climas más fríos, pero lo podemos encontrar en el sur de Grecia. En realidad esta limitación del hábitat debe responder también a una imagen interna de cual es su hábitat. Con frecuencia nos encontramos con especies que colonizan rápidamente espacios que durante siglos habían rehuido. Hay casos sorprendentes y actuales en España, como la tórtola turca, el estornino negro, o el cormorán, pero todo hace pensar que esto es una constante en todos los biotopos y normalmente se ha interpretado a presiones en los depredadores, cambios en el medio ambiente o cambios climáticos y en efecto será así en la mayoría de los casos, pero algunas veces es solo un impulso interno presente en casi todas las especies y cuyo mecanismo de inhibición deja de actuar. ¿No es el afán descubridor del hombre un impulso interno característico de la especie? En circunstancias desfavorables puede inhibirse, pero siempre buscara la manera de expresarse.

Thursday, October 13, 2005

El espejismo de la inteligencia.

Nuestra propia inteligencia nos sigue asombrando, constantemente caemos en la perplejidad al recibir noticias de lo que hemos sido capaces de desarrollar. Por ello cuando pensamos en algún rasgo humano específico en lo primero que pensamos es en la inteligencia.

Es cierto que nuestro cerebro es un órgano superdesarrollado como puedan ser las mandíbulas del tigre, la nariz del elefante, la cornamenta del ciervo, el olfato de alguna mariposa, la vista del águila, etc. Sucede en la naturaleza que cuando a una especie se le dota de una herramienta potencialmente peligrosa, se desarrolla con ella los mecanismos inhibidores para evitar su uso incorrecto. Los animales dotados de cuernos siguen en sus ritos de apareamiento pautas muy definidas para evitar grandes daños al competidor, los lobos pueden adoptar posturas de sumisión para inhibir la violencia de sus superiores jerárquicos…

La inteligencia es una herramienta peligrosa, en tanto en cuanto fomentaría una conducta egoísta e irresponsable, permitiéndole disponer al individuo de una potencia física muy por encima de sus capacidades naturales.

El mecanismo de inhibición de la inteligencia es nuestra sociabilidad, lo que muchas veces identificamos como conciencia, mandamientos divinos, ética social, etc. Gracias a estos mecanismos somos capaces de plantar un árbol que sabemos que no llegaremos a disfrutar, o en el caso extremo a dar nuestra propia vida por un ideal. Pero también a realizar las mayores atrocidades sin ninguna capacidad de reflexión sobre nuestras acciones.

El control de la inteligencia a través de un sistema inhibidor da lugar a muchos problemas de desviación de conductas, esquizofrenia, paranoia, conductas compulsivas, depresivas, eufóricas, etc. Pero el mayor problema es que el hombre es un animal fácilmente “domesticable” (ver “La cultura como seña de identidad”) así que resulta sencillo modificar sus valores, creencias, etc. de tal manera que podamos utilizar su inteligencia sin ningún tipo de filtro o con el filtro que el “domador” haya definido.

Es como si todos nosotros tuviésemos un candado que diese acceso a nuestros mecanismos de pensar, sentir, etc. Y determinadas personas llamadas “lideres” tuviesen las llaves de estos candados y manipulasen en nuestras entrañas las palancas de nuestros mecanismos de conducta.

Así, que si hablamos de una característica especial del ser humano, seria mucho más correcto hablar de sociabilidad, identificación con la cultura y adaptabilidad a nuevas culturas. Estos rasgos están muy por encima de la inteligencia, de hecho la adopción de los logros de la inteligencia de nuestros congéneres de forma acumulativa es lo que nos ha permitido alcanzar el desarrollo tecnológico que tenemos y esto solo ha sido posible por nuestra adaptabilidad. Aunque también podríamos nombrar innumerables casos en los que los lideres han logrado bloquear nuestra tendencia natural actuar como esponjas culturales, normalmente durante un corto periodo de tiempo.

La cultura como seña de identidad.

En los animales sociales y territoriales es común mantener unas relaciones tensas y violentas con las comunidades vecinas, especialmente si hay problemas de escasez de recursos o sobrepoblación. En estos casos se originan movimientos de poblaciones que se enfrentan a las comunidades adyacentes, que defienden su territorio tratando de evitar su implantación y que suelen acabar con la aniquilación de una de las dos.

La teoría de la selección natural explica que las poblaciones mas adaptadas al medio (en este caso con la característica de agresividad y pertenencia a la comunidad) son las que sobreviven. Realmente se trata de una competencia entre la misma especie, ya que los individuos solo son conscientes de que pertenecen a la misma comunidad, a la que defenderán hasta la muerte.

No creo que nadie tenga ningún problema para identificar estas conductas en el hombre. Pero lo curioso y particular de nuestro caso es que identificamos como miembro de nuestra comunidad a los elementos con los que compartimos una cultura y unos símbolos, en contraste con lo que sucede en el resto de especies donde hay que compartir forzosamente antecesores comunes o haber vivido mucho tiempo en la comunidad.

Un estado incipiente de este rasgo lo podemos encontrar en algunos animales capaces de aceptar en su comunidad a elementos extraños y lo que es mas importante y difícil, la capacidad de los individuos en integrarse en una comunidad ya establecida. Un ejemplo claro y radical lo representan los animales capaces de ser domesticados, en el sentido de que lo que significa integrarse en una comunidad radicalmente diferente a la que su propia naturaleza le podría dictar.

Nosotros defendemos no ya nuestra tierra, familia, patria sino que lo ampliamos a nuestra forma de vida, nuestros valores, nuestras creencias, nuestras banderas, etc. Pero no solo lo defendemos, nuestro espíritu colonizador nos impulsa a tratar de difundirlo e imponérselo a las otras comunidades con las que no nos sentimos identificados ni culturalmente ni por símbolos. Son nuestros competidores y potenciales enemigos.

Por ello los términos de choques, luchas, guerras de culturas, civilizaciones, etc. nos resultan muy familiares.

Por otra parte somos individuos muy sociales, capaces de adoptar nuevas culturas rápidamente y sin apenas traumas. Somos fácilmente domesticables.

El resultado de todo esto es un sistema de expansión muy eficaz y eficiente. Para satisfacer nuestras ansias de colonización no tenemos que desplazar a la comunidad anteriormente establecida e implantar miembros de la nuestra sino que es suficiente con que los miembros de la anterior comunidad adopten nuestra cultura y símbolos. Naturalmente ayuda el que esta cultura sea razonable y creíble, pero tampoco es una condición necesaria.

Aplicando los axiomas de la selección natural, diríamos que las culturas mas adaptadas al medio son las que sobreviven y las menos adaptadas desaparecen.

La relatividad del éxito

Tenemos la percepción de que el hombre es la obra culminante de la naturaleza. Esta creencia se fundamenta en que pensamos que jamás ha habido un ser vivo con tanto éxito en la Tierra.

Si tratamos de concretar un poco más, podríamos definir el éxito como la cantidad de individuos que una especie logra mantener vivos simultáneamente, pero en este caso las ratas, muchos insectos y la casi totalidad de las bacterias o seres unicelulares nos superarían ampliamente.

Podemos redefinirlo como la cantidad de información genética que una especie logra mantener viva en un determinado momento, este caso efectivamente podríamos decir que las células humanas son los seres vivos con mayor éxito en este momento. ¿No os recuerda esto a “El gen egoísta” que postulaba que solo somos una herramienta de nuestros genes?

Aun así, resulta que muchas plantas e incluso seres constituyentes del plancton marino siguen superando a nuestras células.

Pero si fuésemos honrados deberíamos definir el éxito como la cantidad de individuos que la especie ha logrado generar en toda su historia y, en este caso, salimos muy mal parados. Somos una especie muy reciente y además hasta hace 3000 años (ayer como quien dice) nuestra población no llegaba a superar los 500 millones de individuos. Es difícil encontrar una especie con menos éxito que nosotros según este muevo criterio.

Lo que es indudable es que para ser primates, caracterizados por sus pequeñas poblaciones restringidas a biotopos muy definidos, es sorprendente nuestra propagación en medios absolutamente hostiles, mas teniendo en cuenta el fracaso de todos nuestros parientes homínidos.

Bueno, también lo del fracaso es un poco relativo, casi todos nuestros antepasados y ramas extinguidas estuvieron presentes en la Tierra durante periodos cercanos a los 500.000 años. Nosotros llevamos aproximadamente 150.000, así que todavía nos queda por demostrar que no somos la última chispa de la extinción total de los homínidos.

Pero asumamos, porque es una buena cosa lo de la autoestima, que somos los reyes de la naturaleza. ¿Qué es lo que nos ha permitido alcanzar este estado de gracia?, ¿nuestra inteligencia y la capacidad para utilizar herramientas?, ¿o el fuego?, ¿por nuestro sentido social?, ¿quizás el lenguaje?, ¿quizás la posibilidad de representar ideas con símbolos?, ¿quizás…?.

Todas estas características las tenían algunos de nuestros parientes desaparecidos y no parece que les resultaran muy útiles…