Monday, June 20, 2005

La chapucería genética

Una vez que tenemos nuestro código genético debemos empezar a ejecutarlo sin ningún tipo de dilación.

Nosotros nos vamos a permitir el lujo de echarle un vistazo para intentar tener una idea de como va a construirse nuestro cuerpo suponiendo que disponga de los elementos necesarios en las circunstancias debidas.

Lo primero que nos sorprende es que no hay índice y tampoco se puede ver ningún tipo de orden, mas bien parece un libro de notas de una persona especialmente caótica, está lleno de borrones, comentarios intercalados y llamadas a otras anotaciones que no hay manera de saber donde están. Además hay diferentes tipos de letra, señal indudable de que ha tenido varios propietarios.

Una vez que nos resignamos a no ser capaces de encontrar nada que nos pueda facilitar el análisis sistemático de nuestro código, tratamos de encontrar algo que parezca que tenga sentido para intentar trazar la información partiendo de este punto.

Cuando lo encontramos, nos sorprendemos leyendo unas instrucciones absolutamente precisas de cómo construir unas branquias. Sabemos que en algún sitio existirá o habrá existido una orden para generarlas en un lugar y momento concreto y luego es de esperar que haya alguna orden diciendo que no se hagan, aunque es posible que sencillamente suceda que la orden de hacerlas ha desaparecido o a lo mejor lo que ha desaparecido es la descripción de donde o cuando hacerlas.

Resulta imposible seguir el rastro de esto, la mayoría del código son órdenes de hacer o inhibir algo.

La cuestión es que el sistema evolutivo se basa en la continua producción de errores y en la segregación reproductiva de los individuos menos idóneos. El concepto de “idóneos” tiene mucha miga, se asume que el factor principal es la adecuación al medio tal y como propuso Darwin.

Así las cosas, el método resulta aparentemente eficaz, aunque tremendamente ineficiente ya que dilapida enormes cantidades de individuos y tiempo, mucho tiempo.

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