Monday, June 20, 2005

La chapucería genética

Una vez que tenemos nuestro código genético debemos empezar a ejecutarlo sin ningún tipo de dilación.

Nosotros nos vamos a permitir el lujo de echarle un vistazo para intentar tener una idea de como va a construirse nuestro cuerpo suponiendo que disponga de los elementos necesarios en las circunstancias debidas.

Lo primero que nos sorprende es que no hay índice y tampoco se puede ver ningún tipo de orden, mas bien parece un libro de notas de una persona especialmente caótica, está lleno de borrones, comentarios intercalados y llamadas a otras anotaciones que no hay manera de saber donde están. Además hay diferentes tipos de letra, señal indudable de que ha tenido varios propietarios.

Una vez que nos resignamos a no ser capaces de encontrar nada que nos pueda facilitar el análisis sistemático de nuestro código, tratamos de encontrar algo que parezca que tenga sentido para intentar trazar la información partiendo de este punto.

Cuando lo encontramos, nos sorprendemos leyendo unas instrucciones absolutamente precisas de cómo construir unas branquias. Sabemos que en algún sitio existirá o habrá existido una orden para generarlas en un lugar y momento concreto y luego es de esperar que haya alguna orden diciendo que no se hagan, aunque es posible que sencillamente suceda que la orden de hacerlas ha desaparecido o a lo mejor lo que ha desaparecido es la descripción de donde o cuando hacerlas.

Resulta imposible seguir el rastro de esto, la mayoría del código son órdenes de hacer o inhibir algo.

La cuestión es que el sistema evolutivo se basa en la continua producción de errores y en la segregación reproductiva de los individuos menos idóneos. El concepto de “idóneos” tiene mucha miga, se asume que el factor principal es la adecuación al medio tal y como propuso Darwin.

Así las cosas, el método resulta aparentemente eficaz, aunque tremendamente ineficiente ya que dilapida enormes cantidades de individuos y tiempo, mucho tiempo.

Tuesday, June 14, 2005

Nuestro manual de instrucciones.

Imaginemos que nuestro código genético fuese un libro de instrucciones que recibiésemos de nuestros padres y que no existiesen ni imprenta ni fotocopiadora. Cada uno de estos libros sería un incunable, único e irrepetible.

Nuestro padre, que también recibió el suyo de sus padres, se ha afanado durante toda su vida fértil en copiarlo millones de veces con la esperanza de encontrar un ovulo dispuesto a recibirlo. La verdad es que no hay dos iguales, los hay con páginas duplicadas, otros en los que faltan hojas y lo mismo sucede con los párrafos, a veces las frases resultan ininteligibles aun cuando en el libro original estaban muy claras y otras, que en el original no se podían leer, ahora parece que han adquirido cierto sentido.

Mientras tanto nuestra madre ha hecho algo parecido, con una mejor planificación y una actividad menos apresurada.

Pues bien, ahora llega el momento de nuestra concepción, y lo primero que tenemos que hacer es recomponer nuestro propio libro partiendo de los que hemos heredado de nuestros padres, que por otra parte no eran completos sino solo la mitad de las hojas. Estamos obligados a combinar unos libros que tienen notables discrepancias entre si, porque corresponden a distinto “modelo”, aunque de una misma “marca”, y para ello tenemos unas décimas de segundos.

Este manual de instrucciones va a ser nuestra guía, en él se define en gran manera como se va a construir nuestro cuerpo, los sentimientos que vamos a tener y la definición de algunas conductas con increíble precisión.

En todo este tejemaneje de copias ha habido algunos errores, hemos perdido algo de información y otra se ha duplicado, pero lo hemos hecho lo mejor posible teniendo en cuenta el tiempo y los recursos de que disponíamos.

Haciendo un cálculo rápido e impreciso, nuestro manual ha podido sufrir unas 100 millones de copias. Lo curioso es que el primero apenas tenía una línea.

A la vista del sistema, nosotros (los que estamos vivos y aceptablemente sanos) no podemos menos que felicitarnos porque esta chapucería haya funcionado más o menos satisfactoriamente.

Friday, June 10, 2005

El barro del que estamos hechos.

Siempre sorprende la sencillez y certeza de la literatura clásica para describir las cosas más complejas. En este caso nos referimos al barro que según la Biblia, dio cuerpo y forma al hombre.

No se trata de un barro constituido por residuos minerales con agua, sino de información genética y cultural que venimos heredando desde el origen de la vida, arrastrada, erosionada, segmentada y pulida por los ríos de la evolución que han intentado, y algunas veces conseguido, abrir valles en la accidentada geografía de la historia de la tierra.

Esta bitácora es una invitación a explorar las minúsculas partículas de información genética y cultural que constituye nuestro barro, a tratar de identificar su origen y con qué otros seres las compartimos.

En realidad lo que trataremos de buscar son las razones por las que cada uno de nosotros es como es, bajo el convencimiento de que en gran manera lo hemos recibido del exterior y solo seremos capaces de entenderlo si averiguamos la utilidad que originariamente tenía.